La Asociación de Investigación Histórica Vicus Albus ha confirmado la próxima retirada del cañón que durante tres décadas ha permanecido expuesto en el patio de su sede, una pieza emblemática de la memoria histórica del antiguo cuartel Capitán Guiloche de Vicálvaro al que tendrá que renunciar tras un requerimiento oficial de la Intervención de Armas de la Guardia Civil que la entidad no puede cumplir por sus exigencias legales y técnicas.
La decisión se produce después de que la Guardia Civil exigiera a la asociación una serie de requisitos administrativos y de acondicionamiento —alcanzando el extremo de poder imponer sanciones económicas elevadas por cada pieza si no se aplicaban dichas obligaciones— que Vicus Albus considera imposibles de asumir dadas sus características de asociación cultural sin ánimo de lucro.
Entre los objetos afectados están varias pistolas antiguas oxidadas, una pistola de aire comprimido y un bastón de sereno del siglo XX con un estilete en su interior, piezas que según la normativa vigente requieren de una serie de trámites y transformaciones que van más allá de la naturaleza histórica y divulgativa del museo de la asociación.
El cañón, símbolo de un pasado militar y urbano
La retirada más significativa será, por tanto, la del cañón que preside el patio de la sede de Vicus Albus, pieza con una profunda vinculación histórica con Vicálvaro.
Según los responsables de la asociación, el cañón procede del Regimiento de Artillería de Campaña nº 11, estacionado en la localidad durante décadas, y fue cedido oficialmente al colectivo en un documento fechado en 1994 por el entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Alfonso Pardo de Santayana y Coloma.
En la carta de cesión se explica que la pieza quedaba asignada a la asociación “siempre que haya existencias y no exista impedimento legal”, una condición que en la práctica ha resultado imposible de mantener tras la interpretación actualizada del Reglamento de Armas.

Valentín González, miembro de la asociación, ha relatado a Nuevo Sureste el desgaste físico y emocional del proceso, así como la dificultad de interactuar y asumir la normativa.
En sus palabras, la asociación conserva “pistolas del siglo XIX” además del cañón, todas inservibles y profundamente oxidadas, cuya simple posesión en exposición ya plantea problemas bajo la reglamentación vigente.
González remarca que las piezas están inutilizadas —el cañón con proyectiles taladrados y sin posibilidad de carga— y que su interés siempre ha sido preservar y difundir la historia local del cuartel y de la vida militar de Vicálvaro.
No obstante, reconoce que cumplir las exigencias de la Guardia Civil resultaría “una locura administrativa” para una asociación pequeña, con el riesgo añadido de sanciones si no se realizan los trámites exigidos, algo que podría suponer para Vicus Albus multas de miles de euros totalmente inasumibles.
Una pérdida patrimonial que trasciende lo material
Desde la asociación han subrayado que esta retirada no es una renuncia a su compromiso con la historia local, sino una decisión responsable y en cumplimiento de la legalidad vigente, adoptada para proteger la viabilidad de la propia entidad.
El comunicado oficial de Vicus Albus a sus socios recalca que la complejidad técnica y administrativa de los requisitos supera los medios de la asociación, y que se procederá “siguiendo en todo momento las instrucciones que indiquen las autoridades competentes”.
El cañón, que ha sido un punto de referencia histórico y un símbolo visible del antiguo cuartel y, por ende, de gran parte de la identidad urbana del antiguo municipio de Vicálvaro, dejará de estar expuesto al público.
Esta pieza, que formaba parte de la memoria material del distrito, será retirada junto a otras armas inutilizadas, aunque se señala que algunas de ellas podrán entregarse porque “no son significativas” para la narración histórica principal.
Vicus Albus ha anunciado que, pese a esta medida, continuará su labor de conservar, investigar y difundir la historia de Vicálvaro por otras vías, y que mantendrá informados a sus socios y a la comunidad sobre cualquier evolución del proceso.
En el trasfondo de esta decisión está, según González, la preocupación por que las generaciones futuras sepan que Vicálvaro fue un lugar con relevancia militar e histórica, aunque la memoria física de ello tenga que readaptarse a los marcos normativos actuales.
El cañón, inutilizado y bajo custodia oficial, dejará de ser un icono visible, pero el relato de su significado y de su camino hasta ese punto será parte del legado intangible que la asociación seguirá difundiendo.







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