En el diseño urbanístico de Los Berrocales es protagonista la supermanzana, el elemento que articulará la trama de un desarrollo del Sureste que está cada día más cerca de recibir a sus primeros vecinos y vecinas. Serán los primeros en toda la ciudad que conozcan de primera mano lo que es vivir en una supermanzana, puesto que este modelo urbanístico implantado en algunas zonas de Barcelona se estrena en la capital precisamente en Los Berrocales.
Las ya no tan nuevas demandas urbanas exigen abandonar el concepto de bloque cerrado tan desarrollado a finales del siglo pasado, un tipo de urbanización que penaliza a la actividad de proximidad y, por ende, aumenta la dependencia del vehículo privado. Esa mayor demanda de movilidad de cercanía, también más sostenible, requiere la puesta a disposición de suelo para la ciudad, de un reequilibrio territorial en favor de áreas compartidas en las que se limite o elimine por completo el espacio destinado al vehículo privado.
Esto es lo que plantea la solución protagonista en el nuevo desarrollo de Los Berrocales, la supermanzana, cuyo objetivo final es la mejora de la calidad de vida de los vecinos y vecinas a través de la disminución del ruido, de la mejora de la calidad del aire y de la seguridad vial, y de la generación de espacios públicos de uso intergeneracional.
Como te contamos en el reportaje ‘Los Berrocales: el cesto de las supermanzanas’, aunque el concepto de supermanzana suene contemporáneo, su planteamiento conecta con la Antigua Grecia. Son muchas las referencias actuales que asocian al urbanista Salvador Rueda, director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona entre 2000 y 2020, el concepto de supermanzana, pero su invención se atribuye arquitectos Josep Lluís Sert y Josep Torres Clavé, que, inspirados en teorías de Le Corbusier, lo incorporaron dentro del plan Macià de 1934 para la ciudad condal.
A grandes rasgos, el concepto original de supermanzana consiste en organizar el entramado urbano mediante módulos residenciales de 400 x 400 metros, unas nueve manzanas de viviendas y equipamientos sociales, un concepto desarrollado por Lucio Costa en la ordenación de Brasilia, que propuso la creación de jardines y espacios comunitarios protegidos del tráfico para rodear estos módulos de manzanas.
Esta fue la idea que Salvador Rueda y la ciudad de Barcelona aplicaron en varios proyectos piloto —en barrios como El Born, Gracia, Sant Antoni y Poblenou— que convirtieron en espacios intergeneracionales protegidos del tráfico rodado lo que antes era suelo urbano reservado al vehículo privado. Estos proyectos, con su evidente capacidad de transformación urbana a simple vista, convirtieron a la ciudad condal en capital mundial de las supermanzanas, el modelo urbanístico en el que se inspira Los Berrocales.
Cómo se vive en una supermanzana: los datos recopilados en Barcelona
El ejemplo de Barcelona sirve para tener una experiencia real reciente de cómo es vivir en una supermanzana. No tanto por el debate social y político, ya que el modelo ha sido motivo de discusión en la capital catalana, sino porque su impacto ha sido estudiado siguiendo el método científico.
En concreto, entre el 2019 y el 2021 se llevó a cabo un estudio que utilizó una combinación de métodos cuantitativos y cualitativos que incluían encuestas de salud, mediciones ambientales, estudios etnográficos y observación del uso del espacio acerca de tres de las supermanzanas habilitadas en Barcelona, cada una con un nivel de intervención distinto. El objetivo del estudio fue evaluar la influencia de estas en la calidad de la ciudadanía.
El estudio concluyó, y así lo destacó tras su publicación la Agencia de Salud Pública de Barcelona, que tras la instalación de las supermanzanas se observó en términos generales que el modelo “comporta beneficios para la salud emocional y contribuye al bienestar, a tener un mejor descanso, a una reducción de la contaminación acústica y atmosférica y en un índice mayor de socialización”. Se trata, según la agencia siguiendo las conclusiones del citado estudio, “de un entorno más tranquilo, cómodo y seguro que facilita la interacción entre vecinos y favorece las redes sociales”.
Estas conclusiones se sustentan en datos concretos. El más destacado, la reducción del 25% detectada en Sant Antoni en los niveles de NO2, y del 17% en los niveles de PM10, además de la disminución del ruido. El estudio, denominado ‘Environmental and health effects of the Barcelona superblocks’, se puede consultar aquí.
Otro estudio desarrollado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) y publicado recientemente en la revista científica Cities & Health concluye que las supermanzanas tienen un impacto positivo en el nivel de ruido.
Siguiendo también el ejemplo de Barcelona, este estudio compara datos de siete estaciones acústicas permanentes antes (en 2022) y después (en 2023) de la peatonalización en Eixample barcelonés, concluyendo que «es una estrategia eficaz para rebajar significativamente los niveles de ruido ambiental». Los datos recopilados señalan que el nivel sonoro ha descendido una media de 3,1 decibelios (dB).
Además, a través de una encuesta realizada a 1.211 residentes en la zona analizada, el estudio detecta otras mejoras complementarias en la calidad de vida de los vecinos: el 59 % de las personas que viven en calles principales con tráfico intenso afirma que el ruido afecta al uso de las habitaciones que dan a la calle por el 47% de quienes residen en viviendas con orientación hacia los nuevos ejes verdes, y estos últimos utilizan «con mayor frecuencia» sus balcones que quienes tienen balcones que dan a calles con tráfico elevado. Este segundo estudio científico citado está disponible en este enlace.
Las supermanzanas de Los Berrocales
Con la única excepción de AZCA, cuya gran superficie interior se convertirá próximamente en un área verde tras el acuerdo anunciado por el Ayuntamiento de Madrid para acometer una actuación integral de acuerdo con empresas, vecinos y comercios, ninguna zona de Madrid se articula de origen bajo el concepto de supermanzana o alguna otra solución urbanística similar.
Esto cambiará una vez tome vida el nuevo desarrollo de Los Berrocales, que abrió recientemente su etapa 1 al tránsito. Como te contamos en detalle en este reportaje, todo el barrio estará articulado de manera jerárquica: vías conectoras principales, entre ellas la bautizada como Gran Vía del Sureste, aunque su nombre oficial varía en función del tramo, una red de conexión con el exterior y una red local de movilidad articulada en torno a las supermanzanas.
Estas unidades urbanas están formadas por varias manzanas agrupadas e interconectadas por calles peatonales, ajardinadas y arboladas, accesibles eso sí para vehículos de residentes y servicios básicos. En todo caso, la prioridad en ellas es peatonal y el acceso se realiza mediante anillos de circulación restringida, por lo que el tráfico que entre tiene que volver a salir para seguir circulando.
Habrá que esperar unos años para poder consultar a los primeros vecinos y vecinas de Los Berrocales cómo es vivir en una supermanzana y si el modelo urbanístico cumple con sus objetivos sociales y medioambientales, tal y como proclama el urbanista que las introdujo en Salvador Rueda, en su libro ‘503 supermanzanas’ (Anagrama, 2025) y en las conferencias que ofrece al respecto. “Se trata de lugares pacificados, sin ruido y con una calidad urbana insuperable”, dijo en una conferencia que dio el año pasado en la ciudad de Guadalajara.
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