Luis Bartolomé (Madrid, 1948) es geohistoriador. Ha publicado este año el libro ‘Las cañadas de Vicálvaro‘. La investigación explica la organización e importancia de las vías pecuarias para el antiguo pueblo y para todo Madrid. Atendió a Nuevo Sureste en el archivo del Museo de Vicálvaro, sede de la Asociación Vicus Albus.
Las vías pecuarias son muy antiguas pero tienen un papel muy importante en la articulación de las actuales ciudades ¿Cuál era su importancia en Vicálvaro?
El tráfico pecuario era de dos tipos. El cliché que la gente tiene en mente son las vías pecuarias interregionales, es decir, las que iban de Soria a Extremadura. Decían: «Ya se van los pastores a la Extremadura, ya se queda la sierra triste y oscura». Esas son las cañadas por antonomasia, las que luego se convirtieron en reales. Pero es como si ahora preguntas a la gente por las carreteras y te hablan sólo de las autopistas. Tú sumas el kilometraje actual de carreteras que no son autopista ni autovía y es diez veces mayor que el de sumadas todas las autopistas. Entonces, había unas cañadas que no estructuraban para nada el territorio local, lo atravesaban como las autopistas atraviesan ahora municipios sin mancharlos ni romperlos; y luego estaban las carreteritas locales que, o bien enganchaban con esa, eran bocacalles como aquel que dice, o bien servían a los ganados locales, porque no todos los ganados eran trashumantes, había también trasterminantes, que se movían de valles a sierras de la misma región o comarca; y estantes, es decir, que se movían dentro del término y poco más. Pongamos que los de Vicálvaro se bajaban a la a la ribera del Jarama o del Manzanares, pero no mucho más allá. De tal modo, la preocupación de las vías no era articular el territorio. De hecho, los núcleos de población los esquivaban casi siempre porque no podían meter medio millón de ovejas por un pueblo. Como las autopistas actuales, esquivaban los núcleos de población.
Pero al contrario sí ha pasado, núcleos de población que se han acercado y han acabado fagocitando las vías pecuarias.
Sí, sí, estaban cerca de las en las ciudades de gran desarrollo. Evidentemente, las ciudades han crecido y se han comido todo lo que había, campos, viarios y todo lo demás y las han dejado enquistadas dentro o las diluyen o las borran del mapa. Sobre todo, el nuevo urbanismo. Por ejemplo, los pasos de los puertos de montaña y de los ríos eran lugares donde se juntaban los ganados y hacían una especie de diábolos. Las cañadas eran espacios muy anchos. Eso se ve muy bien en el puente del Arzobispo, que era un sitio fundamental de paso de los ganados. Allí se ha mantenido exactamente la anchura de la cañada, que es respetada por la alineación de las casas. Los antiguos iban poniendo casitas adaptándose a la estructura territorial existente y, sin embargo, los modernos, con los planes de urbanismo, arrasan. Simplemente, no hay manera ninguna de reconocer nada de lo que había debajo. Preocuparse del patrimonio no ha sido ni es preocupación de los urbanistas. Respetan en algunos casos los grandes espacios porque no tienen más remedio, pero los recursos naturales de pequeño valor como una fuente, un arrollejo, una cañita, un bosquecillo, eso para esa gente no tiene valor. Lógicamente, no tiene valor comparado con el precio del metro cuadrado. El valor de uso de esas pequeñas cosas es insignificante.

Cualquier conversación sobre vías pecuarias siempre se fija en la Mesta. Sin embargo, usted pone el punto de partida más atrás, igual que la tesis de Klein ¿Ha podido rastrear esos orígenes?
Ni yo, ni nadie. Klein y todos los santos apóstoles del tema no han hecho más que suponer. Yo hago de abogado del diablo. Es decir, todo el mundo tiende a mitificar y a engrandecer aquello en lo que está trabajando. Algunos dicen que la ganadería tiene que ver incluso con el lugar por donde iban las migraciones de los viejos herbívoros que había aquí en el Cuaternario. Yo no quiero hacer volar tanto la imaginación. Al hacer comparaciones de las redes pecuaria, no pecuaria, hay un exceso de coincidencias. En la época medieval no había prácticamente caminos porque no había ni siquiera las poblaciones que se supone que tenían que unirla. Es demasiada coincidencia que haya tantas vías pecuarias que coinciden con caminos. Yo creo que la red caminera se establece antes que la red pecuaria para las pequeñas poblaciones porque tenían que establecerse con los pueblos, mientras que los grandes caminos podían existir desde mucho antes porque no tenían un principio, ni un fin tan definidos. Yo pongo ejemplos concretos de cañadas que se han creado ‘exnovo’ en el siglo XV.
Mi hipótesis es que muchos de los caminos de estructura radial están calificados a posteriori como vía pecuaria. Sobre una red viaria preexistente y de origen medieval, diríamos coetánea o inmediata al lanzamiento de los pueblos, se crean servidumbres pecuarias, porque además las vías pecuarias que la gente tiene en la cabeza tienden a estar mitificadas. Las grandes, muy anchas y con sus mojoneras, con los ganados por enmedio. Pero muchas veces, era una servidumbre, un caminito de cuatro metros de ancho. Luego, llegaban los alcaldes entregadores de la Mesta y decían las varas que tenía de ancho y sobre las que se aplicaba la ley. Era una malla jurisdiccional para juzgar delitos de forma privativa, sin que el alcalde del pueblo tuviera nada que decir. Volvemos al caminito. Eso significaba que sí, eran cuatro metros de camino y, a lo mejor, quince más reconocidos a cada lado con trigales. Si las ovejas se comían esos cultivos, el agricultor no tenía derecho a protestar porque bastante era que no le denunciaran por intrusión.

En Vicálvaro y sus alrededores había zonas baldías por sus características geológicas ¿Influyó el tipo de territorio en la forma de articular las vías pecuarias?
Por supuesto. Pero sólo en las grandes. Las pequeñas son servidumbres establecidas sobre una red viaria interurbana preexistente y no hay un condicionamiento grande por el territorio. El condicionamiento era llegar del asentamiento A al asentamiento B por el camino más sensato y más lógico. Evidentemente, hay collados, hay lomas que son de referencia. Por ejemplo, la vereda del Santísimo o de la Cuerda, iba del vado de Santiago en el Manzanares hasta Fuencarral por toda la divisoria de aguas del Abroñigal con los demás arroyos que van al Jarama. Las vías pecuarias grandes estaban condicionadas por los por puntos de paso. En este caso concreto nuestro, la Galiana pasaba por el puente de Viveros y el Manzanares. Cuando se asentaron en la Edad Media los pueblos, empezaron a apropiarse agrariamente de las coronas sucesivas a su alrededor, creciendo a partir del centro, sobre un marco de espacios no roturados, de baldíos o tierras del rey que no eran de nadie, en las que todo el mundo podía pastar y atravesar sin limitación. La gente iba por el medio del campo, ni detenerse mucho porque había tráfico y fechas de llegada, y siempre y cuando no tocase los campos y las viñas de los vecinos. Cuando había una constricción de paso, se producía un embudo. Había que juntarse donde estaban los funcionarios cobrando peaje.
La primera vía pecuaria a la que hace referencia es la senda Galiana en el siglo XVII e identifica siete en Vicálvaro.
El nombre Galiana existe desde antes, pero no se sabe bien a qué se refiere. Es la primera citada, aunque hay otra previa no asociable a ninguna posterior que iba en dirección norte sur, que es de principios del siglo XV, cuando se pactan los derechos de paso desde lo que eran tierras del arzobispo de Toledo, desde Uceda y Talamanca hacia el sur. Pero era un derecho de paso, no asociable a ninguna vía. Una cosa es el tránsito pecuario, otra cosa son las vías exactas con su planimetría que luego hemos heredado.
La Galiana venía de Soria y tenía dos brazos.
Había una variante entre lo que actualmente son provincias de Guadalajara y Madrid, se separaban en la parte del valle medio del Henares y se volvían a juntar en Torrejón de Ardoz. Formaba una especie de trenza, de malla, pero tenía que pasar por el puente de Viveros, por lo que se supone que los rebaños pasaban por aquí. En aquella época, los trazados no estaban tan claros. A lo mejor, usaban cinco vías para llegar al punto en el que querían concluir. Como un taxista que sabe cómo llegar, pero no te sabe los nombres de las calles.

En lo que concierne a Vicálvaro, iba desde el punto de conexión con San Fernando y Coslada hasta Vallecas. Si nos trasladamos a esa época, ¿qué encontraríamos al hacer ese tránsito?
Si tú ibas de Vicálvaro, por ejemplo, a la barca de Mejorada, hacia Loeches, por tu camino, de pronto, te encontrabas una vía que era diez veces más ancha. En segundo lugar, los mojones. Fue la primera vía que se amojonó, lo que deja algunos topónimos como Tres Cantos o Canto Hincado, que son dos topónimos de la raya entre Vicálvaro y Rivas Vaciamadrid. Dependiendo de las fechas, tendrías que pararte para dejar pasar rebaños porque, insisto, son 200.000 cabezas pasando en un plazo de un mes y medio. El tráfico era importante. Estamos hablando de muchos animales, que se les oía antes de que llegasen.
Entiendo que debían cruzar el arroyo del Henar.
Entraban por el puente de Viveros. Luego, seguían inicialmente por una vaguada junto al arroyo de Teatinos y Valdevivar, porque tenía menos pendiente. No tanto por el agua porque, como cuento en el libro, los bichos se entretenían bebiendo y no todas las aguas eran siempre buenas. Luego, llegaban a la divisoria. Allí, el objetivo no era coger la línea de menor pendiente, que era el arroyo de Los Migueles o del Henar porque su objetivo era ir hacia Extremadura. De tal modo, atravesaban más abajo y tomaban Valdelázaro o Valdonlázaro, atravesaban el arroyo del Henar por el Pozo Piñán, donde había agua de sobra en chortales. Luego, mantenían su alineación para continuar a su destino porque el Manzanares permitía cruzar casi por cualquier lado. Se trataba de minorar los kilómetros que recorrer.

Se trataba de una vía vertebradora noreste-suroeste y luego había vías tributarias. En este caso, hacia Vicálvaro serían dos transversales que conectaban con Madrid: el cordel de Pavones y la vereda de la Elipa ¿Por qué había esas dos vías este-oeste cuando podía resolverse con una?
No tengo ni idea. Es verdad que, sobre todo en el viaje hacia Extremadura, con los trigos creciendo, el ganado no tenía mucha más posibilidad que comer la hierba de las propias cañadas y, en ese sentido, el arroyo Abroñigal, como colector norte-sur, ofrecía una opción por la que también se podía cruzar el Manzanares. Pero mucha gente tenía que ir a la Corte o pasar por Madrid. Había gente que tenía por destino el norte de Cáceres, y entonces les convenía cruzar el Tajo por el puente del Arzobispo y no por Toledo. La desviación era muy abrupta y entiendo que esa sería el motivo de la vereda de La Elipa. En el caso del cordel de Pavones, no lo sé. Ambas vías rodeaban el Retiro por el norte y por el sur. Me aventuro a decir que el conde duque de Olivares cortó el camino principal entre Madrid y Vicálvaro con el Retiro para satisfacer a su señor.
¿Por eso pasan las ovejas por la calle Alfonso XII una vez al año?
Esa es la cañada real de la Puerta del Sol, que es una cañada fantasma de la que no hay testimonio antiguo y que desapareció muy rápido. Madrid era la capital y no era un lugar donde la gente pudiera hacer lo que quisiera. No hay clasificación de vías pecuarias de Madrid. Sí hubo una cañada real de la Puerta del Sol y así le llaman a la Galiana en algunas partes de Guadalajara, sólo allí, pero cambiaba su nombre al llegar a Ribatejada, ya en la Comunidad de Madrid. Pero es una vía hipotética que coincidía con el Camino Real de Alcalá y Aragón y existió algún tipo de incompatibilidad. No está muy claro su carácter pecuario porque no coinciden los grosores de la vía. Hay cartografía de Madrid desde el siglo XVII y nunca ha habido vías de esa anchura en esa zona. Ese mojón es una fantasmada, un farol de la Asociación General de Ganaderos del Reino, porque se puso cuando ya no existía la Mesta.

¿Había ganado que tenía destino Madrid?
Estamos hablando de ganado lanar pero Madrid era un gran consumidor de carne, a pesar de la rentabilidad de las merinas. Ese era otro de los motivos para ir a Madrid, junto a las gestiones económicas.
En el libro se refiere también al ganado bovino.
Los toros son un caso especial de la zona del Jarama. Hay muchos literatos que han hablado del toro jarameño y nadie sabe dónde estaban. Hay gente que opina que empezaron en Aranjuez en la Real Vacada. A nuestros efectos, la madre del cordero fue la Muñoza. En un momento dado, por una serie de razones económicas, los toros que se lidiaban en Madrid pasaban primero por allí. Era una especie de almacén provisional, una especie de ‘hub’, que dirían los modernos, justo junto al puerto seco de Coslada. Entonces, los toros fueron unos para los madrileños unos ganados importantísimos. Las plazas de toros de Madrid, si te has fijado, siempre han estado al este de la ciudad, siempre. Y yo no sé qué es antes, si el huevo o la gallina, si las plazas de toros estaban al este porque era el punto más cercano de los toros que venían del Jarama o al revés. ¿Qué influyó más en qué? Eh, pero todas todas las plazas está. Primero, la Plaza Mayor, que estaba al este de lo que era la ciudad. Entonces, luego la plaza de la de la puerta Alcalá, luego la de la Fuente del Berro y ahora la de las Ventas. Siempre hacia el este, como la Casa de la Moneda, por cierto. El camino de los toros siempre estuvo muy transitado. A orillas del Abroñigal descansaban muchos. Lo que luego se hizo en la venta del Batán, se hacía allí en las Pilillas.
Otra vía pecuaria importante, paralela a la Galiana, pero local, era Estevillas, que está de moda porque los nuevos desarrollos la van a recuperar ambientalmente ¿Qué utilidad tenía para la villa? Por otro lado, ¿qué le parece ese concepto de recuperar las vías pecuarias como pasos ambientales?
Estevillas no servía absolutamente para nada. Salir de la Galiana para volver a entrar en ella para evitar la congestión hubiera sido una pérdida de tiempo. La única explicación es que era una franja que quedó cuando la venta de baldíos del siglo XVII que hacía de borde entre las tierras de labor entre Vicálvaro y la Torre -Pedrosa-. Es decir, es un residuo de la época de los baldíos en el que la administración se reservó una franja como una especie de cortafuegos que no iba a ocupar nadie. El recorrido es absolutamente incomprensible. Hace ‘eses’ que no se le ocurren a nadie en su sano juicio, estrechuras que no tienen sentido.

Por otra parte, lo que llamas rehabilitación o recuperación es una vaina. El tráfico en esas vías no existe o es irrecuperable. O sea, es propaganda política. Suena políticamente correcto como lo de sostenible, que hay que meterlo en todos los discursos aunque no se sepa siquiera qué significa. Depende de lo que llamemos ser. Un funcionario puede decir una cosa existe si hay un papel que dice que existe. Con esa concepción ontológica, existe, pero como el resto de las cañadas. No hay ninguna, salvo la Galiana. El problema es que no se han tomado la molestia de desclasificarlas o descatalogarlas porque tiene mala prensa, porque están los animalistas y los viapecuaristas, pero no existen. Ahora mismo tú te coges el cordel de Pavones. Atraviesa por el salón y el dormitorio de docenas de casas en Moratalaz. Los funcionarios cogen el plano, lo pintan y dicen que esto es lo que es. Bueno, esa cosa ni existe, ni existirá nunca. No habrá ganados que lleguen nunca jamás. La red nacional está rota en docenas de sitios. En la Galiana, hay un embalse entero por medio. Fíjate tú si se si podía haber molestado la administración en hacer una norma respecto a la orilla de este embalse. No existe el tráfico pecuario. Las vías pecuarias no existen en realidad. Yo planteo hipótesis a muy largo plazo, cuando desaparezcan los combustibles fósiles. Hacen falta hipótesis muy gordas para que una vía pecuaria vuelva a ser una vía pecuaria. La etiqueta vía pecuaria, como la del bosque lineal, y toda esa farfolla de urbanistas modernos, es para vender la moto. Entra en el terreno de la ideología, de la sociología y de la política. No tiene nada que ver con la ganadería.
Ahora mismo, dentro de los nuevos desarrollos, se cargaron las que habían y han dicho que hay una nueva que se adapta a un trazado de calles. Ponen un cartelito con una vaquita. Una vaca lechera, por cierto. Un animal que en su puñetera vida ha trashumado. Una sinsorgada de los urbanitas. No se puede recuperar algo que no existe ¿Vas a pintar sobre un mapa una rayita verde y vas a poner un cartel que dice que es y con eso lo conviertes en pecuaria? Se llama vía pecuaria, según la la ley actual al sitio por donde habitualmente transitan los ganados o por donde históricamente transitaron. Eso es el acabose. La han vaciado de sentido por una querencia de ancestralidad de la sociedad antinatural actual. Cuanto más nos alejamos de la vida natural, más ideología pseudonaturalista o protonaturalista tienen que fabricar. Es una teoría de compensación ¿Cuánto abulta un kilo de plomo y cuánto abulta un kilo de nitrógeno? Cuanta menos realidad hay, cuanto menos plomo, más volumen tiene que tener la propaganda y la ideología asumible, aunque la gente ni siquiera entienda qué significa, porque forma parte obligatoria del discurso. Las vías pecuarias no son naturaleza, son creación humana, digan lo que digan los nostálgicos del Paleolítico. Son vías trazadas con piececitas a los lados y con puentes y peajes.
Señala que hay intentos desde el siglo XVII por tomar las vías pecuarias, aunque el proceso se acelera en el XIX.
Incluso desde antes hay órdenes del rey para desangostar las cañadas porque había gente que las estaba tomando. Es como la lucha de Caín y Abel entre agricultores y ganaderos. Forma parte de la esencia de la cultura humana. El tema es cuándo el proceso ya es definitivo. Legalmente, la asunción de las intrusiones no ocurren hasta finales del XIX y, sobre todo, el XX. Hasta entonces, los agentes de la Asociación de Ganaderos miraban hacia otro lado. Ellos delimitaban la Cañada y ya está. La multa era mucho menor que el beneficio. El angostamiento de la Cañada ocurrió siempre, pero su asunción es muy tardía.

El proceso de ocupación de las vías pecuarias definitiva en Vicálvaro comienza en La Elipa.
La ermita de Nuestra Señora la Virgen del Socorro fue la primera en ocupar terreno. Era una ermitilla de 3×3 metros. En la vereda de La Elipa y el cordel del Abroñigal fue donde comenzó poco a poco. En la Galiana es más espectacular porque cabe más gente. Pero comenzó allí. Con un par de casas en fila. Pero es que la presión urbana es madrileña, de oeste a este. Hay una demanda de suelo que comienza a traer ventas y chiringuitos. Así se llena el cordel del Abroñigal, el de Pavones y La Elipa, cuatro casas. En la Cañada Real empezó igual un poco más tarde en la periferia de San Fernando. Aquello en otra época habían sido baldíos. Ahí existía un caserío primigenio que aunque estaba en término de Vicálvaro, realmente, era el extrarradio del Real Sitio de San Fernando. Los primeros eran taberneros y bodegoneros. Hay indicios de ocupación desde la década de 1930, pero son indicios. Luego, el salto fue en la posguerra, que es cuando ya se empieza a tomar poco a poco y, luego, se produce un ‘boom’ inmenso en las siguientes cuatro décadas. Primero fue la parcelación ilegal y no registrable administrativamente. En la foto aérea no se nota porque lo primero que hacían era poner cuatro piquetes de madera y repartírselo entre ellos amigablemente. La traza se ve cuando empiezan a haber las primeras casas y empieza a haber atestados policiales.
¿El Plan para la Cañada Real va a dar algún tipo de futuro a la Cañada o va a ser borrada del mapa?
Ahora mismo está descatalogada, luego no es una vía pecuaria. Queda la cicatriz de vía pecuaria en forma de dos lindes, dos lindes de propiedad paralelas. Es una finca propia de la Comunidad de Madrid desafectada. Entonces, su futuro depende de lo que quieran los urbanistas, aunque es una zona que va a tardar siglos en urbanizarse. Entramos en la zona de los yesos, que nadie quiere comprar, al lado de Valdemingómez, y no creo que tenga desarrollo urbanístico ninguno.







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