Bartolomé: «El 99,9% del agua de Vicálvaro no es de Vicálvaro»

por | 9 May. 2024 | 1 Comentario

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Luis Bartolomé (Madrid, 1948) es geohistoriador. Autor de numerosos libros, folletos y artículos de investigación, publicó en 2023 el libro ‘Las aguas de Vicálvaro‘. Se trata de una obra de investigación, con el apoyo colectivo de la asociación de investigación histórica ‘Vicus Albus‘, que permite entender cómo se articula toda la red hídrica de Vicálvaro y, por extensión, los asentamientos humanos en la zona desde la prehistoria hasta los nuevos desarrollos del sureste. Atendió a Nuevo Sureste en el archivo del Museo de Vicálvaro, donde trabaja con ingente material para realizar su siguiente trabajo sobre el distrito.

¿Por qué ha escrito este libro?
En Finlandia, escribir un artículo sobre las aguas de Helsinki no tendría sentido. Sin embargo, estamos en un país semiárido, en un contexto histórico de sequía y de calor creciente y de agua menguante. Creo que es necesario que la gente sea consciente de cómo valoraban los antiguos el agua, de la poquita, la poquita agua que había. Ahora, abrimos el grifo y nos llega el agua llovida en la provincia de Guadalajara o en Ávila. Y eso no ha sido así desde hace mucho tiempo. Tenían que apañarse con lo que tenían. En Vicálvaro y en la comarca de Madrid hay poca agua. Yo diría que, en Vicálvaro, hay, en algunos casos, más que en otras zonas, porque tenemos la pequeña cuenca de la Torre, una zona endorreica con más charcos que muchas otras partes.

¿Por qué titula el libro hablando de ‘aguas’ y no de ‘agua’?
Porque había muchos tipos de aguas. Normalmente la gente suele pensar en las corrientes, las aguas que se ven, pero, para la historia de Vicálvaro y, en general, la de Madrid, las subterráneas han sido mucho más importantes que las superficiales. Está casi demostrado que Madrid nació no porque estuviese al lado del Manzanares, sino porque estaba al final de unos viajes de agua recogida en aguas subterráneas. La misma ciudad debe su existencia a una decisión militar del califato, pero la posibilidad de existencia y supervivencia durante los primeros siglos fue gracias a las aguas subterráneas. Y hay mucha gente que sólo se fija en los fenómenos epidérmicos. Y yo quería hacer hincapié en que hay muchas clases de las aguas que se ven y que no se ven.

El planteamiento que haces de red hidrológica en Vicálvaro es muy prolijo. La capilaridad hidrológica es muy compleja.
La configuración hidrológica de Vicálvaro responde a su configuración geológica y morfológica.
Vicálvaro tiene muchos arroyos y manantiales que los alimentan. En la parte nordeste, en la de los lomos, la hidrología es muy sencilla, son arroyos que se van uniendo en forma de racimo y se juntan. Y en la parte del sureste es mucho más complicado porque ahí hay una gran llanada, hay cauces divagantes, el terreno es menos permeable, lo que da ocasión a la aparición de charquillos y de lagunillas. Es completamente distinta la morfología en una parte y en la otra. La nordeste es la normal. Desde aquí hasta la sierra hay cientos y cientos de lomas y de arroyos que son iguales. Las lomas y los arroyos se entreveran, como positivo y negativo. Y sin embargo, lo del sureste es muy raro. No hay llanadas como esta casi en la Comunidad de Madrid. Hay otras en el en el sur, lindando ya con La Sagra de Toledo.

¿Y a qué se debe esta singularidad?
Una de los elementos fundamentales de esta zona es la planicie, que hace que algunas zonas sean endorreicas, es decir, que el agua se recoja dentro, y por eso había tal cantidad de lagunillas.
Tenemos hasta ocho inventariadas.

También se puede dividir en aguas potables y aguas salobres.
El término de Vicálvaro es muy grande. Está como en una especie de cruce de caminos geológico. Es la raya, la transición. Tenemos la parte norte, que es pura arena, un territorio que se llama los lomos de Madrid, que es equivalente a la superficie de toda la ciudad. En esa zona, las aguas eran muy buenas, muy finas. También está la zona sureste, la zona de las arcosas y los yesos, totalmente distinta. Linda con Rivas. Ahí aparecen ya toda una serie de materiales que se disuelven y hacen que el agua se vuelva gorda. Entonces hay aguas salobres, no saladas. Para encontrar sal hay que ir más hacia el centro de la cuenca del Tajo. Las aguas salobres son aguas realmente malas, porque ni tienen suficiente cantidad de sal para ser aprovechada ni son buenas para beber. Decían algunos de nuestros informantes locales, ya fallecidos, que no las querían ni las cabras. Por último, está la zona central de Vicálvaro, la más importante, porque es donde están todas las arcillas raras. Es la capa del sílex, la sepiolita, y la de toda una serie de materiales raros que se dieron en la costa de los antiguos mares interiores, que son las que han puesto a Vicálvaro en el mapa.

¿Sobre ese constructo geológico y sobre esa red hidrológica, cuál es el entramado vegetal que se configura alrededor?
A nivel vegetal, por un lado está la vegetación natural, aunque es muy difícil determinar qué es exactamente natural, porque los primeros documentos que tenemos sobre la vegetación de la zona son muy tardíos, ya del siglo XVI. Han pasado muchísimos siglos desde que llegó la colonización humana y a veces es difícil saber qué hay de natural y qué hay de humano entre las arboledas asociadas a los arroyos. Hemos demostrado que los olmos eran todos plantados, al menos los que han llegado hasta hoy. La vegetación climática en toda la zona sería el encinar, como el resto de Madrid, por supuesto. Y, en las vaguadas, habría plantas frondosas, fundamentalmente, álamo blanco, de los cuales quedan tres ejemplares, increíblemente, que, si no son naturales, responden a la razón natural. El álamo blanco no sirve para casi nada y acabarían talados. El olmo, sin embargo, sí es una planta extremadamente útil para carretería. Entonces, por eso digo que muchas veces los olmos se plantaban y no sabemos cuáles eran naturales y cuáles eran plantados. Había un montón de arbustos como el taray, los escaramujos o la zarza. Y lo que más ha durado, hasta el final, porque el hombre, el castellano, que, en líneas generales, odia al árbol, no ha acabado con ellos, es la junquera. Es la nota más característica de las aguas no visibles, de las aguas subterráneas.

Plano de la red hidrológica del distrito de Vicálvaro (fuente: Luis Bartolomé).
Plano de la red hidrológica del distrito de Vicálvaro (fuente: Luis Bartolomé).

El agua trae la vida y el poblamiento.
Las ocupaciones continuas de Vicálvaro están vinculadas con la geología y con el agua. Así se justifica que haya tanto yacimiento arqueológico, como Casa Montero, etcétera. Hasta la llegada del Canal de Isabel II, si no había una fuente no había un poblamiento viable. Y, donde había agua, se dedicaba, primero y fundamentalmente, para huertas. El agua, realmente, en la parte sureste ha sido un problema. El principal asentamiento de esa zona, el de la Torre Pedrosa o la Torre del Campo, desapareció. Estaba en la zona con más yesos, aunque al lado de un llano agrícola aceptable, y desapareció. Yo creo que fue por las aguas.

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¿Cómo configura el paisaje humano?
La huerta, un espacio muy llano, sin arboledas, ondulado y con fincas de labor.
Ese era el paisaje normal. Si tuviésemos un satélite y volásemos en aquella época, lo verde no sería ni el dos por ciento del territorio ¿Lo verde? Lo verde, a ojo vista, es decir, lo que en agosto estaba verde porque había agua, era una absoluta minoría.

Hay datados muchos asentamientos en Vicálvaro.
Prácticamente, en cualquier lugar de Madrid en que se pique, se pueden encontrar asentamientos. No creo que en Vicálvaro hubiese más. Todo lo que se ha descubierto sobre arqueología en nuestra zona es porque últimamente la legislación obliga a que antes de hacer una gran obra haya estudios de impacto ambiental y prospecciones arqueológicas. Por ejemplo, el cementerio visigodo de la -ermita de la Virgen de la- Torre, que es, posiblemente, el más grande de Europa, ha estado ahí durante ocho siglos. Ninguno sabíamos nada de él, ni siquiera cuando descubrimos la historia de la torre. Y así, al hacer la urbanización de la zona -llevada a cabo por las juntas de compensación de Los Ahijones y Los Berrocales-, es cuando ha aparecido. Es decir, ¿cuántos otros cementerios visigodos se habrán cargado en Madrid al hacer las carreteras sin saberlo?

Hace hincapié en la nomenclatura de los cursos de agua ¿Por qué es importante?
La toponimia es la ciencia que trata de los nombres del terreno. Para mí, tiene una característica fundamental y es que es híbrida, es una ciencia bastarda, no es puramente lingüística, ni es puramente geografía. Tienes que entender los dos componentes. Encima, estamos hablando de un territorio fronterizo, y a, para mí, los territorios fronterizos son culturalmente extremadamente atrayentes. Allí está el mestizaje de cosas, de personas, de temas… Habrá gente a la que le importe un carajo la hidrografía y gente a la que los nombres solamente le sirven para localizarlos en el mapa. Y habrá gente para la que los inventarios toponímicos, y hay muchos por ahí, pueden ser de interés para la historia y para la lengua. Los hidrónimos que tenemos son todos corrientitos, es decir, son de después de la repoblación y no hay ninguno que dé para escribir un artículo por sí solo. Son castellanos puros y duros casi todos.

En el libro, destaca las infraestructuras relacionadas con los cursos de agua han sido muy importantes: fuentes, puentes, barcas…
En Vicálvaro, la única infraestructura estratégica en este sentido eran los pozos
. Las fuentes están muy bien, pero, a medida que la población iba creciendo era necesario mejorarla. Hacer minas que aumentasen la cantidad de captación. Las infraestructuras de paso fueron importantes pero muy tardíamente, es decir, los cauces que teníamos aquí eran tan ridículos que se pasaban de un salto. Si el Manzanares se hizo famoso en tiempos porque decían que era el único río de Europa navegable a caballo, los arroyos de Vicálvaro eran navegables a pie. El Abroñigal, que es el más caudal tenía, normalmente, llegaba hasta el tobillo. Cuando había infraestructuras importantes no eran tanto por la importancia del cauce sino por la importancia de la vía. Es decir, el puente más antiguo, que es el puente de las Ventas, se hizo necesario porque pasaron carruajes de gente importante. Es decir, para ir de Madrid a Roma había que pasar por el puente de las Ventas. La gente importante no podía quedarse un día atollado. El problema no era tanto la corriente, que sólo era importante cuando había una tormenta, que era cuando moría gente ahogada porque bajaba el turbión. El problema era que el arroyo estuviese anegado, es decir, el agua empapaba, los carros se atollaban. La gente normal se tenía que aguantar, pero los ricos no podían quedarse ahí. Entonces, los puentes fueron estratégicos solamente de forma periférica. Después, fueron necesarios para Madrid. Los puentes del tren de Arganda, el Puente de Ladrillo, el puente colorado que iba en la carretera Valencia, eran importantes para los madrileños y para los valencianos, no para los vicalvareños.

¿Y las canalizaciones de agua?
Las pocas caceras que hubo eran de madrileños.
Nos podemos remontar hasta el siglo XV y saber que había gente pegándose por el agua del Abroñigal para regar. Pero eran los madrileños, no los vicalvareños.

Es usted bastante crítico en el libro en cómo se está gestionando la red hidrológica de Vicálvaro de cara a la llegada de los nuevos desarrollos.
Podríamos decir que la red hidrológica histórica de Vicálvaro no existe, desapareció hace mucho. Quedan algunos remedos tratados por los paisajistas intentando parecerse a lo que era un arroyo que ni siquiera sigue exactamente el curso del arroyo. Pero, en lo que hay que hacer hincapié, es en que ahora mismo el 99,9 por ciento del agua de Vicálvaro no es vicalvareña. El gran cambio, el gran tránsito fue pasar del uso del agua de dentro al agua de fuera. En el año 1900 o 1910, empezaron a llegar recursos de fuera. Fue vital en la historia de Vicálvaro y de Madrid. Ahora mismo, Vicálvaro transcurre una cantidad de agua infinitamente mayor de la que nunca ha habido. Es porque la población es cien veces superior a la de siempre, pero es agua entubada. Estamos inmersos en la red metropolitana, que saca el agua de fuera del área metropolitana y la acaba echando fuera del agua metropolitana. Somos una parte de ese gran paquete. El agua, los restos del agua natural, es muy poca y está muy maltratada. El arroyo del Henar, mal llamado arroyo de Los Migueles, ha sido convertido por los ingenieros en una escollera rígida y estúpida. El arroyo del Hoyo está recreado un poquito mejor, pero es una fotocopia. Hacer la fotocopia que piensa en algo natural es patético. Pero, bueno, algo de agua se ve en superficie todavía.

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1 Comentario
  1. Ana Maria

    Muy interesante y didáctico el artículo del agua, supongo que es un extracto del libro.
    Gracias por hacernos disfrutar de tanto conocimiento sobre el agua.

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