Los primeros vecinos de Los Berrocales toman la palabra

por | 30 Jun. 2025

Los Berrocales ha dejado de ser un proyecto urbanístico para empezar a ser ciudad. Tras concluir la primera etapa de urbanización, llegaron las grúas para hacer viviendas y, con ellas, los sueños de más de 1.600 familias que pretenden ser los primeros pobladores de este barrio, el segundo desarrollo urbanístico más grande de Europa. Nuevo Sureste habla con cinco de sus futuros habitantes para conocer las expectativas, planes y preocupaciones, compartidos o no que tienen respecto al que será su futuro hogar.

Obras de urbanización de la tercera etapa de Los Berrocales (fuente: Junta de Compensación de Los Berrocales)
Obras de urbanización de la tercera etapa de Los Berrocales (fuente: Junta de Compensación de Los Berrocales)

La primera y principal preocupación es que no ocurra el problema de servicios y equipamientos que han arrastrado otros nuevos desarrollos de la ciudad. Para Jesús, los servicios públicos básicos deberían estar garantizados desde el primer momento. «Todo nuevo distrito o barrio debería contar desde el inicio con una comisaría, una estación de bomberos, una iglesia, un colegio y, sobre todo, un centro de salud«, afirma con contundencia. Añade que el transporte también debe ser prioritario, con la parada de Metro prometida y autobuses exprés ya operativos antes de que los primeros vecinos lleguen. En su opinión, si se quiere evitar una dependencia excesiva del coche, «la R3 debería ser gratuita en su tramo urbano, lo que además ayudaría a descongestionar la A3«. María coincide en la importancia del transporte, subrayando que la futura estación de ferrocarril metropolitano de la línea 9B será clave, junto con una red de autobuses sólida «desde el primer día».

Infografía de localización del espacio comercial sur de Los Ahijones, junto a la estación de Metro compartida con Los Berrocales (fuente: Junta de Compensación de Los Ahijones).
Infografía de localización del espacio comercial sur de Los Ahijones, junto a la estación de Metro compartida con Los Berrocales (fuente: Junta de Compensación de Los Ahijones).

Javier y Sara apuntan otras necesidades. Él destaca la seguridad, las zonas verdes y la vida comunitaria activa como ejes fundamentales de un espacio habitable. «La sensación de barrio cuidado también marca la diferencia«, dice. Sara, por su parte, pone el foco en un elemento menos visible pero esencial: la conectividad digital. «No pueden crear barrios incomunicados como pasa en El Cañaveral«, denuncia. Trabajando desde casa, teme que un mal despliegue de infraestructuras de telecomunicaciones lastre la vida profesional de muchos vecinos. Luis, emprendedor y también teletrabajador, insiste en esa misma necesidad: «Fibra óptica y 5G desde el minuto cero«. Para él, un buen barrio debe ser compacto pero diverso, con comercio de proximidad, zonas deportivas, y lanzaderas a Cercanías mientras llega el Metro. Y avanza su idea de tejido comercial, «desde start-ups hasta ferreterías de toda la vida».

Obras de urbanización de la tercera etapa de Los Berrocales (fuente: Junta de Compensación de Los Berrocales)
Obras de urbanización de la tercera etapa de Los Berrocales (fuente: Junta de Compensación de Los Berrocales)

El temor a un ‘barrio-isla’

Sin embargo, todos comparten ciertas inquietudes sobre el futuro inmediato del barrio. Jesús teme que Los Berrocales se convierta en una nueva Valdebebas, donde el coche sea imprescindible para todo por su extensión y falten oportunidades de empleo en la zona. Le preocupa además que las parcelas de oficinas no se aprovechen en altura adecuadamente, limitando el dinamismo económico y convirtiendo el barrio en una ciudad dormitorio. Javier añade a esta preocupación el riesgo de aislamiento. «Si no se planifican bien los accesos, el barrio podría sentirse desconectado del resto de la ciudad o saturarse porque sea la vía de entrada para El Cañaveral y Los Ahijones«, asegura. María teme que los plazos de los equipamientos se alarguen y que se viva durante años en un ‘barrio-isla’ sin servicios como le ha ocurrido a El Cañaveral. Y Luis advierte que muchos de esos servicios —colegios, centros de salud— podrían obligar a los vecinos a desplazarse y ‘hacer vida’ en otros barrios durante bastante tiempo.

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Sara expresa un temor más cotidiano pero igual de relevante: el mantenimiento. «Todos los proyectos que se presentan están llenos de zonas verdes frondosas, pero eso hay que mantenerlo«, señala. Le preocupa que lo que ahora se promete como parques acabe convertido en matorrales si no hay una inversión constante. Y también mira con desconfianza la posible construcción de grandes superficies comerciales junto a infraestructuras insuficientes, colapsando las entradas y salidas del barrio.

Obras de urbanización de Los Berrocales (fuente: Junta de Compensación de Los Berrocales)
Obras de urbanización de Los Berrocales (fuente: Junta de Compensación de Los Berrocales)

Un ‘hub‘ de ‘coworking

En cuanto a la vida comunitaria, todos coinciden en que no basta con levantar viviendas. Los barrios no sólo se construyen con ladrillos sino también con relaciones humanas. Hace falta generar espacios de encuentro, actividad y cultura. Javier apuesta por centros cívicos, huertos urbanos, mercadillos, actividades culturales y tradiciones vecinales. Sara quiere espacios pensados para familias, como bibliotecas, centros de ocio infantil y polideportivos. Jesús propone parques vallados y zonas de oficinas que generen empleo local, mientras María se inclina por ciclovías conectadas al Bosque Metropolitano y un centro cultural con biblioteca y talleres tecnológicos. Luis imagina incluso un ‘hub‘ municipal de ‘coworkingy un cine de verano en las plazas de las supermanzanas.

Infografía del aspecto final de la Gran Vía del Sureste (fuente: Ayuntamiento de Madrid)
Infografía del aspecto final de la Gran Vía del Sureste (fuente: Ayuntamiento de Madrid)

Cuando piensan en cómo será Los Berrocales dentro de diez años, se permiten soñar, aunque con los pies en el suelo. Jesús se lo imagina moderno, verde, con todos los servicios operativos y una buena conexión con el centro. Javier espera que la Gran Vía del Sureste sea un símbolo de dinamismo y cohesión, con eventos que la recorran y generen orgullo de barrio. Sara desea un barrio seguro y lleno de vida donde formar una familia, aunque admite que «tardaremos más de diez años en tener todos los servicios«. María visualiza un lugar donde los trenes de Metro vayan llenos a hora punta, los árboles den sombra en el parque forestal y la vivienda asequible sea una realidad, no sólo una promesa impresa en folletos de propaganda para vender casas. Luis resume su visión en una imagen: un bulevar central lleno de terrazas, la estación de Metro funcionando y un ecosistema de empresas y comercios vivos. Como él mismo dice, espera que, dentro de una década, en Los Berrocales haya «un equilibrio entre vivienda asequible, espacios verdes y economía que dé riqueza a los vecinos«.

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